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Inteligencia artificial y su impacto en recursos: análisis de consumo eléctrico y de agua 2024-2030

Inteligencia artificial y su impacto en recursos: análisis de consumo eléctrico y de agua 2024-2030
Contenido
  1. Resumen en 30 segundos: las ocho cifras clave
  2. Por qué las cuentas no encajan: cinco parámetros que nadie establece
  3. Cuánta electricidad consumen los centros de datos
  4. Cuánto consume una sola consulta
  5. El agua: un trío de grifos diferentes
  6. Entrenamiento frente a inferencia: dónde está el coste real
  7. El inconveniente no es general, sino local
  8. Qué mitiga el impacto realmente
  9. Cómo auditar cualquier titular sobre consumo de IA
  10. Lo que todavía no sabemos
  11. Preguntas frecuentes
  12. Enfoque y alcance de este texto
  13. Referencias

Las estimaciones publicadas sobre el consumo de una sola consulta a un modelo de lenguaje se mueven en un rango de más de tres órdenes de magnitud: desde 0,24 vatios-hora hasta casi 30. No es que unos mientan y otros digan la verdad: es que miden cosas distintas. Este artículo reconstruye, con fuentes primarias y revisadas por pares, qué consume la inteligencia artificial en electricidad y en agua, por qué las cifras que circulan son incompatibles entre sí, y cómo leer cualquier titular sobre el tema sin equivocarse. Incluye las cifras agregadas de la Agencia Internacional de la Energía y del Lawrence Berkeley National Laboratory, las mediciones en producción de Google, la primera auditoría de ciclo de vida completo de un modelo comercial (Mistral), y los trabajos académicos que cuantifican la huella hídrica. Al final hay una lista de referencias con DOI para que cualquiera pueda verificar cada dato.

Resumen en 30 segundos: las ocho cifras clave

Si únicamente vas a ojear una sección de este texto, asegúrate de que sea esta tabla. Cada hilera especifica la procedencia y la fecha, pues careciendo de estos datos la cifra pierde todo su sentido.

MagnitudCifraFuente y año
Electricidad de todos los centros de datos del mundo (2025)≈485 TWh — un 1,5 % del consumo eléctrico mundialAIE, Electricity 2026
Proyección para 2030≈945 TWh — cerca del 3 % mundialAIE, Energy and AI (2025) y Electricity 2026
Parte atribuible específicamente a cargas de IA (2025)≈155 TWh de los 485 TWh (≈20 % del total)AIE / Aczel et al. (2026)
Centros de datos en EE. UU. (2023)176 TWh — el 4,4 % de la electricidad del paísLawrence Berkeley National Laboratory (2024)
Consulta de texto mediana en Gemini, medida en producción0,24 Wh y 0,26 ml de aguaElsworth et al., Google (2025)
Consulta de 400 tokens en Le Chat, análisis de ciclo de vida1,14 gCO₂e y 45 ml de aguaMistral AI con Carbone 4 y ADEME (2025)
Rango entre el modelo más y el menos eficiente por consulta largade 0,45 Wh a más de 29 Wh (×65)Jegham et al. (2025)
Huella hídrica global de la IA proyectada para 20274.200-6.600 millones de m³ anuales (retirada)Li et al. (2023) / Barnett-Itzhaki (2026)

Lo que vas a encontrar en este artículo

• Por qué los datos oficiales no resultan equiparables entre sí, además de los cinco factores que conviene definir previamente a cualquier análisis.

• Las cifras agregadas de consumo eléctrico, con sus escenarios y sus intervalos de incertidumbre.

  • El consumo por consulta: todas las mediciones disponibles puestas en la misma tabla, con su metodología.
  • El agua: los tres «grifos» distintos que casi nadie distingue y que explican la mayor parte de las discrepancias.
  • Entrenamiento frente a inferencia: dónde se sitúa actualmente el gasto real.
  • Por qué el inconveniente no resulta global sino local, analizando las situaciones de Virginia del Norte, Irlanda, Oregón y São Paulo.
  • Qué palancas disminuyen el impacto de manera real, cuantificadas.
  • Una lista de comprobación de seis preguntas para auditar cualquier titular sobre consumo de IA.

Por qué las cuentas no encajan: cinco parámetros que nadie establece

En julio de 2025 se produjo un acontecimiento revelador. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, dio a conocer que una petición promedio dirigida a ChatGPT requiere 0,34 Wh y cerca de 0,32 mililitros de agua. Poco después, Mistral AI dio a conocer el primer análisis de ciclo de vida integral sobre un modelo lingüístico comercial y cifró el agua de una respuesta de 400 tokens en 45 mililitros. Dos compañías del mismo ámbito, durante el mismo mes, con una disparidad superior a cien veces en idéntica métrica.

Ninguna de las dos opciones resulta forzosamente errónea. Ambas evalúan métricas distintas, y en ello radica la complejidad real de esta discusión. Una revisión sistemática compuesta por 88 investigaciones con arbitraje científico, difundida a través de Renewable and Sustainable Energy Reviews, concluyó que la energía requerida por cada operación de inferencia presenta una variabilidad que supera los tres órdenes de magnitud dentro de la bibliografía académica; por ejemplo, crear imágenes demanda aproximadamente 1.450 veces más recursos que ejecutar una clasificación textual sencilla [3].

Antes de comparar dos cifras sobre consumo de IA hay que comprobar que coinciden en estos cinco parámetros:

ParámetroOpciones posiblesEfecto en la cifra
Frontera del sistemaSolo el acelerador; acelerador + servidor; + capacidad inactiva; + sobrecoste del centro de datos (PUE); + fabricación del hardwarePuede multiplicar el resultado por 2 o por 3
Agua: retirada o consumoAgua retirada de la cuenca frente a agua efectivamente evaporada y no devueltaDiferencias de un orden de magnitud
Alcance del aguaDirecta (refrigeración, alcance 1); indirecta (generación eléctrica, alcance 2); incorporada (semiconductores, alcance 3)El alcance 2 suele superar al 1
Tipo de tareaConsulta corta; respuesta larga; razonamiento extendido; imagen; vídeoHasta ×1.450 según la revisión sistemática
Modelo y despliegueModelo pequeño cuantizado frente a modelo frontera; lotes grandes o peticiones sueltas; ubicación y clima del centro de datosHasta ×65 entre modelos; hasta ×100 por la planificación de peticiones

A esto se suma una dificultad estructural en cuanto a la transparencia. Un estudio dado a conocer en Patterns durante 2025 lo señala con claridad: los reportes ecológicos de los administradores de centros de datos no distinguen entre cargas de IA y cargas que no lo son, por lo que el impacto ambiental de la inteligencia artificial únicamente se logra estimar mediante indicadores globales de la infraestructura; además, frecuentemente los datos difundidos ni siquiera posibilitan calcular el total corporativo [1].

Cuánta electricidad consumen los centros de datos

Aquí los datos resultan más fiables, dado que se apoyan en fuentes institucionales con metodologías transparentes. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) encabeza estas estimaciones: en su reporte Energy and AI, publicado en abril de 2025, calculó que la demanda mundial de los centros de datos rondará los 945 TWh en 2030, una cifra semejante al gasto eléctrico de todo Japón en un año. Asimismo, su publicación Electricity 2026 fija el arranque de 2025 cerca de los 485 TWh, lo que equivale al 1,5 % de la demanda global de electricidad, de los cuales aproximadamente 155 TWh se destinan a infraestructuras centradas en la IA.

FuenteÁmbitoCifra actualProyecciónNota metodológica
AIE, Electricity 2026 / Energy and AIPlaneta entero, la totalidad de los centros de datos≈485 TWh en 2025, 1,5 %≈945 TWh hacia 2030 (≈3 %); ≈1.200 TWh para 2035Escenario de referencia; la propia AIE recalca las dudas económicas generales y el ritmo de integración [3]
Lawrence Berkeley National Laboratory (2024)Estados Unidos176 TWh (2023), 4,4 %De 325 a 580 TWh en 2028 (6,7 %-12 %)Promovido por el Departamento de Energía; el doce por ciento representa el límite superior y no una cifra estimada media
Chen et al., Communications Sustainability (2026)A escala global, exclusivamente infraestructura de inteligencia artificial de las seis grandes tecnológicas≈118 TWh (2024)239-295 TWh en 2030 (cerca del 1 % global)Fusiona revisión bibliográfica y simulación de supuestos [10]
Aczel et al. (2026)Global, separando inteligencia artificial de otras cargas448 TWh (2025), IA cercana al 20 %945 TWh en 2030, IA alrededor del 40 %Estudio recopilatorio [14]
Fan et al., Energy and Climate Change (2026)Mundial, perspectiva temporal amplia—Entre 1.800 y 5.000 TWh para 2050 según el contexto socioeconómicoEsquema SSP; la amplitud del intervalo plasma la duda genuina y no discrepancias [8]
Turkay et al., PLOS One (2026)Mundial, supuesto de inercia—Cerca del 30 % del consumo eléctrico global en 2050Hipótesis límite basada en la prolongación de pautas actuales, ajena a cálculos principales [12]

Hay dos lecturas compatibles de esta tabla. La primera: en términos agregados, la IA sigue siendo una fracción modesta del sistema eléctrico mundial —en torno al 0,5 % hoy, camino del 1 % al 1,2 % en 2030 según la estimación más conservadora [10]—. La segunda: el ritmo de crecimiento no tiene precedente reciente en el sector eléctrico, y la infraestructura de red se planifica en plazos de siete a diez años mientras un centro de datos se construye en dos.

Un dato que refleja dicha discrepancia: una simulación de dinámica de sistemas dada a conocer en Sustainable Futures centrada en Virginia del Norte —el núcleo mundial de centros de datos, donde estos ya absorben cerca del 25 % de la energía eléctrica local— revela que la reserva proyectada descenderá por debajo del umbral aconsejado del 17,7 % en un plazo de tres a cinco años, y que la proporción destinada a estas instalaciones llegará al 36 %-40 % del gasto energético de la zona para 2031 [17].

Cuánto consume una sola consulta

Esta cifra resulta ser la más repetida y, al mismo tiempo, la menos certera. Durante mucho tiempo, los cálculos se elaboraron desde una perspectiva externa, basándose en conjeturas sobre el uso y el hardware. No fue hasta agosto de 2025 cuando vio la luz el primer registro en condiciones reales de funcionamiento: Google monitorizó el sistema encargado de dar soporte a Gemini y determinó que la petición textual media demanda 0,24 Wh de energía y 0,26 ml de agua, lo cual equivale a nueve segundos de emisión televisiva y al volumen de cinco gotas [23].

Dicha labor cobra relevancia por un par de motivos que van más allá de la simple cifra. Por un lado, su delimitación sistémica abarca el gasto energético del acelerador operativo, la plataforma anfitriona, el margen ocioso de los equipos y el sobrecosto eléctrico del centro de datos; en otras palabras, constituye un balance exhaustivo y no una estimación complaciente centrada únicamente en la GPU. Por otro lado, registra un descenso de 33 veces en energía y 44 veces en huella de carbono por consulta mediana en el transcurso de un único año, un logro derivado tanto de la optimización del software como de la adquisición de electricidad verde. En consecuencia, cualquier dato previo a 2024 sobre el gasto energético por consulta queda completamente desfasado por un orden de magnitud considerable.

MediciónEnergíaAguaMetodología
Gemini Apps, consulta de texto mediana (Google, 2025)0,24 Wh0,26 mlEvaluación en entorno real, infraestructura global abarcando capacidad ociosa junto con la eficiencia PUE [23]
ChatGPT, consulta media (declaración de OpenAI, 2025)0,34 Wh≈0,32 mlAnuncio oficial sin detalles metodológicos disponibles ni auditoría externa
Le Chat, respuesta de 400 tokens (Mistral, 2025)No desglosada45 mlEstudio de ciclo de vida bajo normas ISO 14040/44, verificado por Resilio junto a Hubblo; abarca 1,14 gCO₂e y 0,16 mg Sb eq
30 modelos comerciales, consulta corta (Jegham et al., 2025)0,42-0,45 Wh el más eficienteCálculo derivado mediante coeficientes empresarialesCálculo estadístico de la arquitectura hardware partiendo de información abierta de API [11]
Los mismos 30 modelos, consulta largaMás de 29 Wh el más intensivo (×65)—Idem al caso previo [11]
Correo de 120-200 palabras con Llama-3-70B (Shumba et al., 2024)—≈0,12 lCálculo basado en el rendimiento hídrico territorial dentro de 11 naciones africanas [16]
El mismo correo con un modelo de clase GPT-4—Hasta ≈2,6 lIdem al caso previo; el rango varía notablemente según el territorio [16]

La moraleja práctica no aboga por el consumo mínimo ni por el desmedido. Más bien, se deduce que la selección del modelo y su modalidad de servicio influyen mucho más que la propia decisión de implementar o prescindir de la inteligencia artificial. A través de una investigación empírica centrada en H100, se descubrió que organizar temporalmente las solicitudes entrantes es capaz de recortar el gasto energético por consulta hasta un centenar de veces, mientras que los beneficios derivados de emplear una precisión menor únicamente se manifiestan en escenarios condicionados por la capacidad de cálculo [20]. Por otro lado, un análisis diferente enfocado en 14 arquitecturas abiertas que oscilaban entre los 6.000 y los 34.000 millones de parámetros determinó que expandir las dimensiones del sistema incrementa notablemente el gasto energético sin aportar avances exactos equivalentes, evidenciando además que, en numerosas actividades, los sistemas medianos consiguen igualar o superar a los de mayor envergadura gastando una cantidad considerablemente menor de energía [21].

Hay además un descubrimiento contraintuitivo que resulta útil tener presente: durante un análisis multilingüe enfocado en NVIDIA H200 que superó las 5.100 ejecuciones, el consumo energético experimentó variaciones de hasta tres veces entre opciones con idénticas cargas de trabajo, la vinculación entre gasto de energía y desempeño lógico demostró ser escasa (ρ de Spearman = 0,109; p = 0,386), y el idioma de la consulta se comportó como un parámetro medible de despliegue: las lenguas romances requirieron en promedio un menor gasto energético que el inglés en diversos modelos [5].

El agua: un trío de grifos diferentes

El agua representa el ámbito donde más se confunde la discusión pública, debido a un motivo elemental: existen tres corrientes diferentes y casi nunca se especifica a cuál se alude.

1. Agua directa (alcance 1). La que se evapora en las torres de refrigeración del propio centro de datos. Es la que suele aparecer en los titulares y la única que el operador controla directamente.

2. Agua indirecta (alcance 2). Aquella empleada en producir la electricidad que abastece las instalaciones informáticas: refrigeración en plantas térmicas y atómicas, además de la evaporación en pantanos hidroeléctricos. Habitualmente supera a la directa. Dentro del clúster de São Paulo, el cual cuenta con una capacidad de cálculo cercana a los 550 MW y un gasto hídrico anual calculado en 16,1 millones de m³, más del 46 % corresponde a «agua virtual» gastada durante la producción hidroeléctrica[7].

3. Agua incorporada (alcance 3). La de la fabricación de semiconductores y del resto de la cadena de suministro del hardware.

Esta diferencia aclara por qué una infraestructura eléctrica de bajas emisiones no garantiza por sí misma un consumo reducido de agua, aspecto que el estudio de Aczel et al. recalca de manera explícita [14]. Asimismo, pone de manifiesto una contradicción territorial: la energía hidráulica, estandarte de la transición energética, desencadena un círculo vicioso donde las necesidades de los centros de procesamiento de datos tensionan redes hídricas y energéticas que ya se encuentran vulnerables debido a la crisis climática [7].

CálculoAlcance y periodoVolumenEn qué consiste la medición exacta
Li et al. (2023), citado por Barnett-Itzhaki (2026)Global, IA, 20274.200-6.600 millones de m³/añoExtracción de recursos hídricos, prescindiendo del consumo neto [2]
Patterns (2025)A escala global, únicamente para cargas de IA, 2025312.500-764.600 millones de litros (0,31-0,76 miles de millones de m³)Gasto estimado mediante parámetros estándar aplicados a centros de datos [1]
Nature Sustainability (2025)Estados Unidos, infraestructura de servidores de inteligencia artificial, 2024-2030731-1.125 millones de m³/añoConsumo hídrico anual, abarcando un rango según el nivel de implementación [6]
Entrenamiento de un modelo tipo GPT-3Un modelo individual, proceso íntegro≈1,3 GWh y ≈5,4 millones de litrosRegistros del ciclo vital recopilados en una auditoría legal y técnica [24]
Mistral Large 2 (2025)Una unidad, fase de aprendizaje sumada a año y medio de funcionamiento20,4 ktCO₂e y 281.000 m³ de aguaEvaluación de ciclo vital; el 91 % del recurso hídrico se vincula al entrenamiento y la inferencia
Gama de modelos desde 20M hasta 13.000M de parámetros (2025)Creación integral de una familia de sistemas493 t de CO₂ y 2,769 millones de litrosComprende la producción de componentes y la investigación; la creación supuso casi el 50 % de la huella del entrenamiento definitivo [22]

Nótese la diferencia entre la primera y la segunda fila: un orden de magnitud. No se trata de un fallo en ninguna de las dos labores, sino de que la primera calcula la retirada y la segunda la huella atribuida a cargas de IA. Todo texto que equipare ambas como si fueran idénticas magnitudes carece de rigor.

La localización importa más que el volumen agregado. Dos tercios de los nuevos centros de datos estadounidenses se sitúan en zonas con estrés hídrico [18], y un análisis en PLOS Water identifica cuatro preocupaciones documentadas en litigios y expedientes públicos en Estados Unidos: erosión de la gobernanza democrática del agua, uso insostenible con subida de tarifas, pérdida de flexibilidad en la toma de decisiones hídricas, y aumento del uso de agua por la vía del incremento de la demanda eléctrica [13].

Entrenamiento frente a inferencia: dónde está el coste real

Durante años el relato se centró en el entrenamiento: las cifras espectaculares de un modelo frontera entrenándose durante semanas. Ese marco está desfasado. Los informes del sector indican que la inferencia, no el entrenamiento, concentra más del 90 % del consumo total de energía de un servicio de IA en explotación [19], y una síntesis en Open Praxis recoge un estudio que estima la huella de carbono de la fase de uso en 25 veces la del entrenamiento inicial [18].

Esto acarrea tres efectos que transforman por completo el debate:

• El coste es proporcional al uso, no al desarrollo. Un modelo eficiente usado mil millones de veces al día pesa más que un modelo ineficiente entrenado una vez.

• El cuello de botella se desplaza a la ingeniería de servicio. La cuantización, la dimensión de los lotes, la calendarización de solicitudes y la selección del motor de inferencia son capaces de disminuir la energía global en hasta un 73 % en comparación con un ajuste carente de optimización [4].

• Surge el efecto rebote. Dentro de esta literatura se documenta de forma explícita la paradoja de Jevons: las optimizaciones en la eficiencia abaratan el servicio y elevan la demanda global [18]. Tal como lo plantean Jegham et al., se trata de «una paradoja en auge: conforme la inteligencia artificial resulta más económica y ágil, su implantación generalizada estimula un gasto desmedido de recursos» [11].

Adicionalmente, existe un aspecto de ingeniería eléctrica poco divulgado que resulta clave para la organización de la red: la demanda energética durante la fase de entrenamiento no es constante. A través de un monitoreo exhaustivo basado en series temporales, se detectaron fluctuaciones que van desde el 15 % hasta el 85 % de la capacidad máxima de los equipos, lo cual genera repercusiones desfavorables para la estructuración a gran escala [22].

El inconveniente no es general, sino local

Si uno mira solo los agregados mundiales, el impacto de la IA parece manejable. El problema es que la infraestructura no está repartida: Norteamérica, Europa Occidental y Asia-Pacífico concentran más del 90 % de la capacidad de cómputo proyectada[10], y dentro de esas regiones la concentración vuelve a producirse en un puñado de nodos.

TerritorioSituación documentadaFuente
Virginia del Norte (EE. UU.)Las instalaciones de procesamiento de datos absorben cerca del 25 % de la energía eléctrica local; el margen de reserva se reducirá por debajo del límite en un plazo de 3 a 5 años; alcanzando una proporción de entre el 36 % y el 40 % para 2031Sustainable Futures (2026) [17]
Oregón, Virginia e IrlandaSe registra un índice de estrés eléctrico (PSI) superior a 0,25, lo cual evidencia la vulnerabilidad de las redes localesChen et al. (2026) [10]
Irlanda (EirGrid) y Dominion (EE. UU.)Existen obstáculos para integrar las nuevas infraestructuras requeridas; al flexibilizar los estándares de fiabilidad, la capacidad accesible se multiplica por un factor de 1,5 a 4,6Lin et al. (2023) [15]
São Paulo (Brasil)Se genera una huella hídrica anual de 16,1 millones de metros cúbicos para aproximadamente 550 MW; superando el 46 % de agua virtual proveniente de fuentes hidroeléctricas vulnerables a las sequíasCambridge Prisms: Water (2026) [7]
Texas y JapónCuentan con infraestructuras diversificadas con la capacidad de integrar la demanda adicional sin sufrir tensiones equivalentesChen et al. (2026) [10]
8 de 11 países africanos analizadosRequieren menos agua por cada interacción en comparación con la media global, debido a la baja intensidad hídrica de sus fuentes energéticas; aunque los territorios con climas esteparios demandan una mayor cantidadShumba et al. (2024) [16]

Conviene prestar atención al último renglón debido a que desafía el sentido común. El rastro de una petición idéntica cambia notablemente dependiendo del territorio en que se realice, y no siempre en el sentido previsible. El emplazamiento del centro de datos y la arquitectura de su climatización condicionan la huella ecológica tanto como la eficiencia del hardware[25].

Qué mitiga el impacto realmente

Esta faceta literaria recibe escasas menciones en los medios, a pesar de ser la más práctica. Sus proporciones se encuentran medidas:

PalancaReducción documentadaLímite prácticoFuente
Estructuración temporal de la llegada de peticionesHasta ×100 en energía por peticiónRequiere control del patrón de tráfico; penaliza latencia[20]
Conjunto de optimizaciones de inferencia (cuantización, lotes, motor)Hasta 73 % de la energía totalMuy sensible a la geometría de la carga y al hardware[4]
Elegir modelo mediano en lugar de grandeRendimiento igual o superior con mucha menos energía en varias tareasDepende de la tarea; no vale para todo[21]
Buenas prácticas combinadas en servidores de IA (EE. UU.)Hasta 73 % en emisiones y 86 % en huella hídricaLimitado por la infraestructura energética actual[6]
Refrigeración avanzada (líquida directa)Hasta 50 % de la energía de refrigeraciónRequiere rediseño de instalación[25]
Ubicación en regiones de baja huella de carbono y seguras en aguaCerca de la mitad de la huella combinadaChoca con restricciones de latencia y de red[25]
Simbiosis con depuradoras: efluente tratado para refrigerar y calor de retorno para la depuradora≈84 Mt CO₂e/año, ≈1.300 millones de m³ de agua dulce y ≈95.400 millones de dólares de ahorro anual netoRequiere coubicación; mayor potencial en EE. UU., Japón, China, Países Bajos y Reino Unido[9]
Enrutamiento según intensidad de carbono y refrigeración líquida40 %-60 % de reducción de impactoDisponibles y asequibles hoy, pero poco desplegadas[24]

El trabajo sobre simbiosis entre centros de datos y depuradoras merece mención aparte por su escala: construye una geobase de más de 4.775 centros de datos y 57.547 depuradoras municipales en 98 países, y encuentra una fuerte coocurrencia espacial entre ambos tipos de instalación que permitiría emparejamientos optimizados a escala nacional [9]. Es el tipo de solución que no requiere ningún avance tecnológico pendiente, solo planificación.

El contrapunto resulta igual de relevante: según advierte un análisis publicado en Nature Sustainability, incluso adoptando las prácticas más óptimas, la industria de servidores de IA apenas podrá cumplir sus metas de cero emisiones netas para 2030 si no apela a esquemas de compensación de carbono y de recuperación hídrica cuya eficacia genera profundas dudas[6].

Cómo auditar cualquier titular sobre consumo de IA

Seis preguntas. Si un titular o un informe no permite responderlas, el dato no es utilizable:

1. ¿De qué año es la medición? Google documentó una mejora de 33 veces en energía por consulta en doce meses. Una cifra de 2023 no describe 2026.

2. ¿Qué incluye la frontera del sistema? ¿Acaso abarca únicamente la GPU, o también engloba el servidor, el margen de capacidad ociosa, el coeficiente PUE de las instalaciones y la propia producción del hardware?

3. En agua, ¿retirada o consumo? ¿Y de qué alcance: refrigeración, generación eléctrica o fabricación de chips?

4. ¿Qué tarea específica se evaluó? Una consulta breve de texto y la creación de un clip audiovisual no constituyen la misma unidad de análisis.

5. ¿Es medición, estimación o declaración? Existen tres grados de evidencia sumamente diferenciados: la medición instrumentada en entornos de producción, la inferencia estadística a partir de datos públicos de API, y la declaración corporativa carente de metodología.

6. ¿Está normalizada por utilidad? Valorar la energía consumida por cada consulta sin especificar la calidad del resultado obtenido impide establecer comparaciones justas. Por esta razón se sugiere el uso de indicadores compuestos como AI Energy Score, capaces de reflejar la eficiencia del razonamiento por cada unidad de energía empleada [5].

Lo que todavía no sabemos

Un artículo honesto tiene que decir dónde se acaba la evidencia. En este campo, las lagunas son grandes y están documentadas:

  • No existen evaluaciones integrales y revisadas por pares acerca de los modelos de razonamiento o de la inteligencia artificial agéntica. Así lo subraya de forma explícita un análisis sistemático de 88 investigaciones: se trata de una categoría novedosa que carece de métricas exhaustivas divulgadas [3]. Teniendo en cuenta que estas tecnologías producen una cantidad muy superior de tokens por cada operación, este vacío representa, con casi total seguridad, la carencia más significativa en la actualidad.

• No existen datos fiables de ciclo de vida de las GPU, ni factores de evaluación ampliamente disponibles, ni un estándar establecido de análisis de ciclo de vida para modelos de lenguaje. Lo reconoce la propia Mistral en su auditoría.

• Los operadores no desglosan cargas de IA frente a cargas convencionales en sus reportes ecológicos, obstaculizando la asignación precisa de los impactos [1].

  • Los registros municipales sobre el uso del agua casi nunca se divulgan de forma abierta. Las administraciones municipales y las compañías suministradoras no siempre los ponen a disposición de la ciudadanía, por lo cual resulta indispensable pedirlos mediante los mecanismos de acceso a la información [13].

• La atribución transfronteriza está sin resolver. Se ha propuesto un marco híbrido que asigne la huella operativa a los Estados anfitriones y los impactos incorporados y de servicio a los Estados consumidores, pero no existe acuerdo [24].

Preguntas frecuentes

¿Cuánta energía gasta una consulta realizada en ChatGPT o Gemini?

Google proporciona la única medición instrumentada disponible en un entorno productivo para Gemini: 0,24 Wh energéticos y 0,26 ml hídricos por cada consulta textual mediana, considerando un perímetro sistémico que abarca el acelerador, el servidor central, el margen operativo inactivo y el gasto general del centro de datos [23]. Por su parte, OpenAI reportó 0,34 Wh y aproximadamente 0,32 ml en relación con ChatGPT, omitiendo los detalles metodológicos. Investigaciones independientes registran cifras superiores a 29 Wh cuando se trata de peticiones extensas y arquitecturas exigentes [11]. Carecemos de un valor universal aplicable, pues este varía en función de la arquitectura, la extensión de la contestación y la infraestructura de despliegue.

¿Es verdad que la IA consume mucha agua?

Dependiendo del enfoque adoptado, las estimaciones cambian notablemente. Para una solicitud individual, los registros oscilan entre los 0,26 ml reportados por Gemini en entornos reales y los 45 ml calculados por Le Chat mediante un análisis del ciclo de vida abarcando 400 tokens. Globalmente, las estimaciones para la inteligencia artificial a escala planetaria se sitúan entre 0,31 y 0,76 mil millones de metros cúbicos para 2025, tal como indica Patterns[1], mientras que Li et al. proyectan extracciones anuales de entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos para 2027 [2]. El contraste fundamental no radica tanto en la magnitud material como en los criterios conceptuales empleados: extracción versus consumo, además del alcance directo frente al indirecto.

¿Qué pesa más, entrenar un modelo o usarlo?

Usarlo. La inferencia concentra más del 90 % del consumo energético de un servicio en explotación[19], mientras que diversos cálculos documentados sitúan la huella de carbono de la fase operativa en veinticinco veces la generada durante el entrenamiento inicial [18]. Tomando como referencia el caso analizado de Mistral Large 2, tanto la fase de entrenamiento como la de inferencia aglutinan de forma conjunta el 91 % del consumo de agua y el 85,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Qué porcentaje de la electricidad mundial consume la inteligencia artificial?

Los centros de datos en su conjunto consumieron unos 485 TWh en 2025, en torno al 1,5 % de la electricidad mundial, de los que aproximadamente 155 TWh correspondieron a instalaciones orientadas a IA. Es decir, la IA ronda el 0,5 % del consumo eléctrico mundial. La proyección de la AIE para todos los centros de datos en 2030 es de unos 945 TWh, cerca del 3 %, con la IA ganando peso dentro de ese total.

¿Las mejoras de eficiencia resuelven el problema?

Solo de manera parcial. Los análisis de escenarios reflejan que, a pesar de que el rendimiento operativo experimenta un progreso considerable, el requerimiento global asciende cerca de un orden de magnitud debido al incremento en la utilización [12]. Hablamos del efecto rebote o paradoja de Jevons, constatado de manera clara en dichos estudios [18]. Aquellas proyecciones que consiguen abatir más las emisiones integran una menor cantidad de arquitecturas junto con un cambio hacia fuentes eléctricas con baja huella de carbono, rebasando por encima de 20 puntos porcentuales el impacto que la sola eficiencia es capaz de alcanzar [12].

¿Es capaz la energía renovable de satisfacer la demanda de la inteligencia artificial?

En principio sí, aunque con matices. Tras examinar sistemáticamente 88 investigaciones, se determina que esto resulta factible únicamente si se dinamiza la implantación, se transita del balance anual de energía limpia al emparejamiento horario —conocido como 24/7 carbon-free energy— y se implementan normativas ajustadas a cada región. Los mecanismos de adquisición energética difieren notablemente: la llamada «brecha de adicionalidad» separa los certificados desagregados de la sincronización horaria efectiva [3].

¿Qué puede hacer una empresa que usa IA para reducir su huella?

Cuatro decisiones con efecto medible, por orden de impacto: elegir el modelo más pequeño que resuelva la tarea en lugar del más capaz disponible[21]; agrupar peticiones en lotes y estructurar su llegada en lugar de enviarlas sueltas [20]; seleccionar proveedor y región por intensidad de carbono y por estrés hídrico de la cuenca, no solo por latencia y precio [25]; y exigir al proveedor datos de energía y agua por consulta con metodología publicada, no declaraciones agregadas.

Enfoque y alcance de este texto

Este artículo se ha construido a partir de literatura revisada por pares localizada mediante búsqueda semántica en bases de datos académicas (Semantic Scholar, OpenAlex y PubMed a través de Consensus), complementada con tres tipos de fuentes primarias no académicas: informes de organismos públicos (Agencia Internacional de la Energía, Lawrence Berkeley National Laboratory por encargo del Departamento de Energía de Estados Unidos), análisis de ciclo de vida publicados por fabricantes con revisión externa (Mistral AI con Carbone 4, ADEME, Resilio y Hubblo), y mediciones en producción publicadas por operadores (Google).

Tres límites que el lector debe tener presentes:

• Las cifras de 2030 y posteriores son escenarios, no previsiones. Cuando se citan rangos amplios es porque la incertidumbre es real y está cuantificada en la fuente, no porque haya desacuerdo entre autores.

• Las declaraciones corporativas que carecen de una metodología publicada se señalan explícitamente y no se consideran equivalentes a las mediciones instrumentadas ni a los análisis de ciclo de vida evaluados.

  • El ámbito evoluciona vertiginosamente: el avance multiplicado por 33 que Google documentó en el transcurso de un año significa que cualquier métrica por solicitud requiere una datación exacta. Este texto refleja los datos accesibles a fecha de 3 de noviembre de 2026.

Referencias

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Fuentes institucionales y corporativas

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• Lawrence Berkeley National Laboratory. 2024 United States Data Center Energy Usage Report, diciembre de 2024. Anuncio del Departamento de Energía de EE. UU.

• Our World in Data. How much energy do data centers and artificial intelligence use? (conjunto informativo sustentado en cifras de la AIE).

• Carbon Brief. AI: Five charts that put data-centre energy use and emissions into context.

Los valores por consulta de las herramientas comerciales de IA varían velozmente: cualquier estadística de esta clase tiene que contrastarse con el reporte más actual de la compañía proveedora.

Por Laura Sánchez