No solo España no está en quiebra. Sino que, al contrario, registra un auténtico milagro en comparación con la eurozona. En los tres últimos años su PIB ha crecido por encima del promedio de los 20 socios del euro: 1,7 puntos más cada año.

En efecto, en 2021 la economía española aumentó un 6,4% del PIB, medio punto más que su club inmediato (5,9%). En 2022, casi dos puntos y medio más (5,8% contra 3,4%). Y en 2023, lo ha quintuplicado: 2,5% contra 0,5%, estima Eurostat.

Esa secuencia acrece la competitividad doméstica (facilita la exportación), sobre todo en relación con los grandes socios (contra nuestro 2,5%, Italia creció en 2023 un 0,7%; Francia, un 0,9%; Alemania, un menos 0,3%). Y eleva a España a cabecera, viniendo del furgón de cola (había decrecido en 2020 un 11,2% frente a un 6,1% la eurozona), fulminando así la leyenda negra catastrofista de cuando la pandemia.

Este dato del 2,5% del último año, amén de espectacular en sí mismo, lo es más si se segmenta: el PIB nacional aumentó en el último trimestre un 0,6%, por encima del 0,4% del tercero, y batiendo absolutamente todas las predicciones.

Con dos efectos. Desmanteló el mantra de que estábamos en plena y completa desaceleración. Y apuntilló las apuestas de los servicios de estudios españoles y otros organismos nacionales e internacionales, erosionando su credibilidad.

Así, el 2,5% de alza del PIB en 2023 más que duplicó el consenso de Funcas, que en noviembre de 2022 lo previó en menos de la mitad: un 1,1%, ligero error de más del 100%; muy parejo al cálculo de enero de 2023, un 1,3%. Brillaron en el fiasco la CEOE (0,8%), CaixabankResearch, Repsol y Funcas (1%) y el Instituto de Estudios Económicos (1,2%). ¿Seguiremos lo periodistas creyendo como borregos a profetas tan huérfanos de acierto?

El único que se acercó —¡cuánto debería lamentarlo la caverna!— fue el Gobierno, que en octubre de 2022 profetizó un alza del 2,1%. Frente al 1% de la Comisión Europea, y el 1,2% del FMI.

O el 1,5% de la AIReF. El yerro de esta autoridad fiscal, que preside Cristina Herero, lleva retranca. En octubre de 2022 presionó al Gobierno a rebajar su previsión (del 2,7%) hasta su 1,5%, so pena de no avalarla ante la UE. Al cabo, la realidad se acercó mucho más a la inicial de la entonces vicepresidenta económica Nadia Calviño (dos décimas) que a la de Herrero (un punto).

De haberlo intuido, la AIReF se habría ahorrado algunos adjetivos estentóreos que vertió sobre los presupuestos para 2023, que consideró “imprudentes” pues opinaba que nacían “viciados” en sus cifras-base de crecimiento y recaudación.

Pero el dato del último trimestre no agota su enjundia en los efectos mencionados. También configura una buena inercia para el inicio de 2024, siempre que el entorno exterior no varíe drástica e inopinadamente a peor.

Retengan las siguientes previsiones de crecimiento para este año: Gobierno, 2%.; AIReF, 1,7%; Funcas, 1,6%; FMI, 1,5%. Este último se acaba de apresursitear a rebajar en dos décimas su cálculo inicial, por la atonía en la eurozona y la debilidad de la inversión, declaró su economista-jefe, Pierre Gourinchas, a El Mundo (31 de enero). Lástima que no aprovechase la ocasión para entonar un mea culpa por su fracaso anterior.

Veremos cómo queda cada uno en el concurso de belleza numérica de 2024.

Mientras quienes han inducido a grave error a la opinión intentan justificarlo —ojalá lo hagan—, les prometo explorar próximamente en posibles explicaciones.

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